Las mejores vacaciones estivales de mi vida.
Era un día de verano, y yo estaba en la playa con mis amigos, cuando vi a una chica morena de pelo largo y ojos marrones que estaba con sus amigas sentada encima de una toalla de color rosa y blanca, de repente escuché: “perdona!”, me giré y vi a ella que me decía que fuese allí un momento. Yo, sorprendido de que me llamara, fui lentamente, haciéndome esperar. Ella me preguntó si tenía un cigarrillo y le dije que si, le di uno. Entonces, como la chica me gustaba mucho (su forma de ser, y su aspecto físico), me armé de valor y le pregunte si quería venir conmigo a bañarse, se lo estuvo pensando un poco.
-Vale, si tu quieres...-me dijo poco convencida
Le cogí de la mano y la llevé conmigo al agua. Como la vi poco convencida le pregunte si le pasaba algo.
- Es que no sé, se me ha hecho raro que un chico más pequeño que yo me hiciese una pregunta como esa..
Yo, extrañado, le dije que no pasaba nada que no iba a hacer nada del otro mundo, y ella me dijo :-
- Sabes qué? Me transmites mucha tranquilidad.
- Tú a mi también, me pareces una chica adorable- le contesté orgulloso de mí mismo
De repente se me quedó mirando, al igual que yo a ella. Se paró el tiempo por un momento. Tenía unos ojos marrones claros, muy bonitos. Se acercó y me dio un beso.
- Perdona, no quería hacerlo…”
- Tranquila, no pasa nada, ha sido muy raro pero a la vez muy bonito sabes?
Se puso a reír
- Hoy es la verbena de San Juan, y hacen una fiesta en la playa, ¿quieres venir?- me preguntó.
Como ese fin de semana mis padres no estaban en casa, estaba solo, y todo emocionado le dije que a las diez en punto nos encontraríamos en el mismo lugar donde nos habíamos conocido. A ella le pareció bien y me dio su número de teléfono.
Se hizo de noche. Empecé a arreglarme para la noche, aunque no no me arreglé mucho porque una fiesta en la playa no es nada del otro mundo y sabía que me iba a ensuciar. A las 9 me puse a cenar con mi primo en su casa . Sus padres tampoco estaban. Comimos una tortilla y un plato de macarrones que nos había preparado su madre y nos fuimos a la fiesta.
Llegamos a las diez en punto, justo a la hora que habíamos quedado. Como no la veía, cogí el móvil y la llamé. Me dijo que estaba sentada delante del faro que había enfrente de la playa y me colgó. Yo empecé a pensar cosas raras , como que estaba triste o que se quería tirar desde la roca o cosas así. Le dije a mi primo que volvía enseguida y me fui corriendo a ver qué le pasaba. La encontré con una amiga suya, sentada en la roca y le pregunté qué le pasaba. Me dijo que su amiga se encontraba muy mal, que había bebido mucho y que la tenía que llevar a casa. Yo, sin saber que hacer le dije:
- Vale, pero si no os sabe mal os acompaño.
- De acuerdo, así me ayudarás con ella.
Después de caminar una media hora llegamos a su casa, la subimos a su habitación con ayuda de su madre y la dejamos en la cama. Su madre nos dio las gracias. Luego bajamos silenciosamente y cerramos la puerta de su casa. Nos quedamos solos.
- Esto es mejor que todo lo que había planeado -pensé en voz alta
- ¿Qué?¿Cómo?¿Por qué?- preguntó sorprendida
Sin saber qué decir me decidí a decirle lo que sentía por ella, que con el poco tiempo que habíamos estado juntos , estaba muy colado por ella y que me gustaba mucho como era, sobre todo como persona. Ella, al principio, se quedó un poco parada pero luego me dijo que ella sentía lo mismo por mí, que se encontraba muy a gusto conmigo, y lo que acababa de hacer con su amiga le había gustado mucho. Yo me quedé callado y ella me cogió del cuello. Me puse muy nervioso, sin saber qué hacer, y entonces se me quedo mirando, acercando su cara a la mía y me dio con dulzura otro beso… me quedé hecho polvo.
Yo ya no tenía muchas ganas de ir a la fiesta y le pregunte si quería venir a mi casa a ver una película, ella aceptó y nos fuimos cogidos de la mano. Yo estaba muy nervioso, ya que lo que me estaba pasando aquella noche no me había pasado nunca, había tenido otras relaciones pero nunca una como aquella, tan profunda. Me sentía profundamente enamorado.
Llegamos a mi casa, cerré la puerta con llave, y la llevé a mi habitación. Se sentó sobre mi cama observando la habitación, me dijo que la tenía muy ordenada en comparación con la suya. Me reí, pues la habitación aquella mañana me la había arreglado mi madre.
Sin poder aguantar más, le di otro beso. Jenny, que así se llamaba, me miró, empezó a reír y se lanzó encima de mí y empezó a quitarme la ropa. Yo, indeciso, hice lo mismo con ella. Hicimos el amor. Fue algo tan bonito... una experiencia. Aquel momento marcó mi vida.
Se hizo de día y oí a mi madre que me llamaba, (yo aun estaba en la cama con ella):
-Mario, estoy aquí abajo subiendo las escaleras, ábreme la puerta por favor que voy cargada de bolsas.
Azorado, me levante rápidamente de la cama, me vestí como pude y la desperté. De repente sonó el timbre, Jenny se asustó.
- Tranquila, son mis padres, escóndete en el baño. Bajo a abrirles y vuelvo enseguida.
Cuando me deshice de ellos, Jenny y yo salimos y la acompañé a su casa.
- ¿Sabes qué? Eres un cielo – me dijo, al cabo de un rato
Llegamos al portal de su casa y nos despedimos con un beso. Quedamos que por la tarde la llamaría para dar una vuelta. Volví a casa corriendo, eran las 12 del mediodía, y quería que mi madre me encontrara en casa. ¡Qué alivio! Llegué antes que ella. Cuando llegó comimos, subí a arreglar mi habitación y alrededor de las cuatro la llamé . Que raro, no contestaba a la llamada. Le envié un mensaje, tampoco contestó. A las 8:30 de la noche, aún esperaba que me llamara. No sé qué le pasó, pero fue uno de los veranos más felices de toda mi vida.
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